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lunes, 2 de enero de 2017

Cambio de Rol ¿cambio yo?

“Antes de suponer o asumir,
prueba ese loco método que es preguntar.”




      Trabaja…rápido, bien, eficientemente, eficazmente, sin delegar, sin dudas, descansos no, sube, baja, controla, atiende...no puedes permitirte fallos, tanto con los que atiendes como a los que rindes cuentas, no en un trabajo en el que se conjuga factor técnico, humano y asistencial simultáneamente.
      No sólo desarrollamos nuestro trabajo con y para pacientes, sino también con y para compañeros y jefes. Siempre debemos contar con varios frentes de actuación abiertos, pluralidad  que debería en un primer momento servirnos para desarrollarnos profesionalmente y personalmente.

      Cada cual en una organización desempeña una función determinada y precisa, aunque a veces hagamos más de lo que debemos y también menos de lo que deseamos.
      En las relaciones interprofesionales pasa lo mismo, nos construimos como personas diariamente e intervenimos en nuestros trabajos desarrollando nuestras habilidades profesionales, son estas relaciones las que, a la vez que nos aportan, nos hacen crecer en nuestro ámbito laboral.

      Sin embargo, a veces, dentro de este avance se producen cambios de talante. Como cuando pasamos de la Atención Directa a la Gestión Profesional. Nada se puede hacer al gusto de todos, es cierto, pero a veces tenemos que contar con el agrado de aquellos a los que gestionamos, y cuando no es complacencia por lo menos permitir cuestionar, opinar, proponer o mostrar el parecer de todos aquellos que conforman nuestro equipo.
      ¿Por qué asevero esto? Está estadísticamente probado que cuanto más se sube en la escala profesional menos te interesas por el parecer de los que están bajo tus órdenes, y tristemente esto es un desatino, puesto que todos hemos sido legos antes que eruditos, hemos preguntado antes que presuponer o deducir. En definitiva, todos crecemos con todos y si cuando asumimos más responsabilidades denostamos lo que hemos aprendido con tanto esfuerzo, es como llegar a una cima y no ver más que tus botas.

Gracias a todos los que han leído este artículo , admito críticas, de todo tipo.

Esta entrada está escrita por Vacceo. 
Otros artículos suyos son: Escuchar, observar, comprender

lunes, 19 de diciembre de 2016

Prescripción Enfermera o Tomadura de Pelo


Esta entrada está escrita íntegramente por Emma Rodríguez Corte, enfermera del SERGAS y se publica en enfermeradetrinchera porque suscribo todas y cada una de las palabras del post
¡Ole Emma!! ¡Gracias por tu colaboración!        


            Ya llevamos cerca de un año de andadura de eso llamado RD de prescripción de enfermería, también conocido como “Cómo tomarle el pelo a una enfermera en 2 pasos: conocer al ministro de sanidad y tener miedo de que una enfermera sea más que un médico” Porque a mí que me perdonen, pero ya simplemente la fecha de publicación de dicho RD es de traca: 24 de diciembre. Claro, como esta noche es nochebuena y mañana navidad, la enfermería se ha debido de portar mal y es Papá Noel quien trae el carbón en vez de los Reyes Magos, que como hay que ser culturalmente interactivo no vaya a ser que alguien se ofenda por no respetar a todas las religiones....

         Las sufridas y tontas enfermeras hicimos como si no hubiera pasado nada, y seguimos bajando testuz y tirando del carro, como los bueyes. Y llegó la campaña de la gripe, y como animales de carga y tiro que somos, cual burro que le ponen la zanahoria delante para que camine, hemos tenido que escuchar de señoras y señores directores/subdirectores de enfermería, supuestamente también enfermeras/os, que “la vacuna de la gripe no es un medicamento, además, como está dentro del marco de una campaña de vacunación no necesita un diagnóstico y por tanto tampoco va a necesitar una receta”, no se nos fuera a ocurrir colapsar la consulta del señor doctor con todos los pobrecitos pacientes que quieren vacunarse.
       Y por no oír afirmaciones como
“la enfermera no quiere vacunar” 
“hay que ver cómo te pones, mujer, ya has oído al consejero, no necesitas nada para poner la vacuna, para qué vas a ponerte a molestar a nadie” (porque, como todo el mundo sabe, la palabra de un consejero vale más que lo que ponga en cualquier RD) 
“¿qué quieres?, ¿enfadar al médico?” 
“¡desde luego!, ¡mira que sois retorcidas!”... 
      La que más y la que menos, se puso a vacunar como aguerrida defensora de las causas nobles que prefiere que la inhabiliten judicialmente para el ejercicio de su profesión si hay cualquier problema antes que dejar que el paciente vaya al médico a pedir una orden para poder vacunarse, no vaya a ser que se ofenda y no se quiera vacunar....Total, dice el consejero que nos cubre las espaldas, ¿no? (jajajajajajajaja)

        
   Aún así, quedan bastiones irreductibles de enfermera (digo en singular, porque suele ser una la que se planta, y las demás las que la miran con cara de “¡hay que ver cómo es!, ¡siempre llevando la contraria!, ¡qué ganas de molestar y llamar la atención!”), que como si de la Galia de Astérix y Obélix viniera, se defiende contra el romano negándose a incumplir con la legislación a “jeringa y gasa”, y pidiendo a diestro y siniestro una autorización médica adecuada.
Desde aquí, ¡olé por ellas!, ¡más reconocimiento merecerían y menos miradas reprochadoras...!

             Y ahora viene la traca final: un juez en el servicio vasco de salud dice que las instrucciones donde el consejero de allí decía que “nos cubría las espaldas”, que curiosamente son muy similares en todos los servicios sanitarios españoles, porque se fueron copiando unos a otros, ¡no valen!.¡Que nos quedamos con el culo al aire, vamos! Que la palabra de un consejero no vale más que un RD! (como que ya sospechaba algo así, pero...). Que estamos cometiendo como mínimo, intrusismo profesional. Y que gracias a Dios, el angelito de la guarda que debemos tener todas las enfermeras por ahora ha conseguido que ningún vacunado en España en esta campaña de la gripe se haya muerto a consecuencia de la vacuna (o por lo menos, si se ha muerto, no se ha sabido que fue por la vacuna). Porque hay gente que se muere por reacción a una vacuna; los menos, vale, pero...¿Qué pasaría con la enfermera que lo vacunó?: sin orden de vacunación, cometiendo intrusismo profesional, arriesgando su trabajo por los pobrecitos enfermos...pero teniendo que pagar la indemnización de su patrimonio y quedándose seguro en su casa un tiempo indeterminado o indefinidamente por inhabilitación.

            ¡Hala! Sigamos todos los enfermeros y enfermeras bajando testuz y tirando del carro. 
        Ya que animales de carga somos, como tal nos tratarán. 
      Cuando dejemos de tirar, ya nos llevarán al matadero para carne...   

domingo, 16 de octubre de 2016

Enfermería en Alemania

      Mi nombre es Erika Lozano, Diplomada en Enfermería por la Universidad Autónoma de Barcelona,  Máster Oficial en Educación para la Salud por la Universidad de Lleida y Máster en Quirófano por la Universidad de Barcelona

Llevo cerca de 4 años trabajando como enfermera en Alemania.

Como cualquier persona que se establece en otro país, los principios me resultaron un tanto duros, pero hoy puedo decir que me siento satisfecha con mi trayectoria profesional como enfermera en el país germano.

Lo primero que pude comprobar al llegar, es que las competencias enfermeras en Alemania son distintas de las que desarrollamos en España, especialmente cuando se trabaja en servicios como geriatría, Centros Socio-sanitarios o Clínicas Neurológicas de Rehabilitación. Sin embargo, trabajar en alguno de estos lugares puede resultar muy útil, especialmente al principio. No sólo porque como enfermera te da una visión de otro modelo de cuidado, sino también porque  es una forma estupenda de mejorar el idioma.

Tras un tiempo trabajando en una Clínica de Rehabilitación y con mi nivel de alemán mejorado, decidí que quería también evolucionar como enfermera en otras áreas. A pesar de contar con un Máster en Quirófano, no tenía experiencia laboral en este servicio, así que estaba a punto de iniciar un autentico reto en mi trayectoria profesional en el país germano.
Si algo bueno tiene trabajar como enfermera en Alemania es que existe el periodo de adaptación y formación en el empleo , en este tiempo, que dura unas 6 semanas o más según la dificultad del servicio en el que trabajes, el nuevo enfermero es instruido por otro más experimentado cobrando el 100% del sueldo. En esta fase aprendí muchísimo y pude adaptarme de una manera fácil y relajada a las que serían mis nuevas funciones.

Ya con mis competencias como instrumentista alemana más que demostradas, decidí que era un buen momento para dar apoyo a otros enfermeros españoles que estuviesen en la misma situación en que me encontraba yo y quisieran un cambio laboral que les permitiera seguir desarrollando su trayectoria profesional.
Fue entonces cuando empecé mi colaboración con "el portal de empleo Enfermeras Alemania".


Somos muchos los enfermeros españoles que hemos encontrando nuestro lugar en las áreas especializadas en Alemania. La razón es que las competencias que desarrollamos en estas áreas son muy semejantes a las funciones de la enfermería española.

Aunque no siempre es fácil acceder a uno de estos puestos, "el portal de empleo Enfermeras Alemania" ha hecho posible para muchos de nosotros este cambio. Ofrece puestos de trabajo de enfermería en Hospitales Públicos y en las principales ciudades del país. Sus ofertas se centran en los servicios especiales como Quirófano, Anestesia, Cuidados Intensivos, Urgencias o Diálisis. Hacen posible cursar la especialidad que se elija costeada por el hospital. Facilitan el acceso a alojamientos económicos y no siempre requieren experiencia previa.

Es cierto que existen numerosas empresas de mediación que ponen en contacto a enfermeros con hospitales alemanes, presentando sus candidaturas. Yo misma he tratado con muchas de estas empresas; tanto alemanas como españolas.

Entonces:

¿Por qué he decidido colaborar con este portal y no con otra empresa de mediación?

            Estas son mis razones:

1.    La filosofía de Enfermeras Alemania cuadra totalmente con la mía: "Tratar a las personas como personas". Ofreciendo puestos en enfermería adaptados totalmente a la situación de cada uno de nosotros.
2.    No permanencias, ni multas: Aquí no hay que firmar nada con el portal, el contrato se firma directamente con el hospital y la persona tiene la libertad de decidir dejar el puesto de trabajo si es lo que quiere.
3.    Ventajas: Trabajar para un hospital público alemán, nos permite seguir puntuando para la Bolsa de Trabajo española. Los puestos de trabajo se localizan en grandes ciudades, lo que facilita nuestra vida social.
4.    Orientación y apoyo durante el proceso de selección, Cambiar de trabajo siempre produce estrés, si le añades que eres español y vives en Alemania, el estrés se duplica. El curriculum vitae, la carta de presentación, la entrevista... todo se hace a la manera alemana. Si has tenido la suerte de superar esta fase y estás contratado, tienes una montaña de formularios por rellenar. En ese momento te das cuenta de que es maravilloso tener a alguien que te pueda orientar con la burocracia alemana y si es en castellano pues mejor. Desde mi experiencia, se trata de la única empresa que he visto dar un apoyo tan amplio y de forma gratuita.



 Tanto si estás buscando trabajo en hospitales públicos de Alemania, como si necesitas recursos sobre cómo redactar tu CV, carta de motivación, preparar tu entrevista en Alemania, etc., te invitamos a visitar nuestro portal www.enfermeras-alemania.es

sábado, 1 de octubre de 2016

Un niño especial


      
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Derechos de imagen: pixabay.com
Cuando mi amiga Ana se quedó embarazada, lo celebramos por todo lo alto. Yo, la primera. Sabía que ella no era muy maternal. Que tenía pocas ganas de cambiar su vida de mujer independiente por la de madre entregada. Al final, lo hablaron como pareja y llegaron a un acuerdo. Su marido estaba encantado y tenía muchas, muchísimas ganas. Acordaron dos embarazos como mínimo. Tan seguidos como fuera posible. Todo esto dentro del “que sea lo que Dios quiera”.


    Mi amiga y yo hemos tenido siempre una relación muy íntima. Viví su embarazo, el de Rodrigo,  casi como si fuera el mío. Yo ya tenía dos hijos, pero recordaba cada momento vivido y respondía a las dudas y los temores de Ana, no sólo como enfermera sino como madre y amiga.


     Cuando llegó el momento del parto, me llamó por teléfono. Yo trabajaba en otra ciudad, en otra comunidad, pero me fui para allá sin pensarlo. Le acompañé casi en todo momento. A veces su marido, un poco asustado, me confesaba que prefería que estuviera yo con ella. Nos turnamos, e incluso a ratos, logramos que la matrona nos dejara estar juntos a los tres. Al parto iba a asistir el padre. Es lo suyo. Además, a pesar del miedo y el respeto, estaba muy emocionado y tenía muchas ganas. Yo no iba a quitarle el gusto. Sin embargo, intenté camelarme al personal para que me hicieran un hueco. Pero no pudo ser. Rodrigo tardaba en descender. Hacía mucho que había roto aguas y parecía al monitorizar, que el corazón del pequeño iba cada vez más lento, así que...acabamos corriendo para el quirófano.


     Nació con los ojos abiertos. Muy grande y hermoso. Con muy buena coloración. Quizá demasiado tranquilo, pero reactivo. Todo dentro de la normalidad y todos emocionados y felices alrededor de los alegres padres y el nuevo miembro de la familia.
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     Los primeros meses fueron un caos. Rodrigo era un niño muy tranquilo, pero también muy deseado y en casa tenían siempre alguien de visita dispuesto a ayudar. Y bajo el lema ¿qué te hago? supongo que mi amiga Ana lograba ahogar un .- Dejarnos tranquilos que nos hagamos a la idea.- Como toda primeriza, al principio le costó hacerse. Su marido estaba siempre solícito y amable. Siempre se quisieron mucho y siempre la trataba con mimo y desvelo. Desde que nació Rodrigo, el feliz papá dividía su atención, pero sin desatender lo más mínimo a su amada compañera. Eran un ejemplo de personas y de pareja.


     Rodrigo comía bien. Ana, a pesar de que le costó acceder a ser madre, adoptó el rol perfecto sin dudarlo. Le dió el pecho. Y mamaba con ganas. Físicamente se desarrollaba sin problemas y dentro de la normalidad. También se movía sin dificultades. Parecía que veía bien y oía, sus padres no notaban nada especial, achacaban todo a que Rodrigo era un niño muy muy tranquilo. Pero yo sí noté algo raro. No sabía decir qué. Pudiera ser que por mi experiencia como enfermera de pediatría o como madre de dos niños a cuál más movido... Rodrigo era, para mi, demasiado tranquilo. Seguía con la mirada pero no estaba atento. Cada poco le notaba ausente y abstraído. No le llamaban demasiado la atención ni las personas ni las cosas ni los ruidos ni los colores, ni tenía demasiadas ganas de agarrar, ni de morder, ni de interactuar con el entorno. Me parecía que estaba un rato con nosotros pero que enseguida se metía en su mundo. No me atrevía a decir nada a los padres. Tan solo pequeñas indirectas. No me atrevía a más, porque noté que mis comentarios se recibían con recelo y tensión.


     Cuando no se sentaba ni caminaba ni hablaba a la edad esperada, cuando empezó con rabietas sin motivo y sin consuelo, con dificultades para coger las cosas, con cierta laxitud en las extremidades, fue cuando decidieron investigar.
     Le hicieron unas pruebas. Rodrigo sufría síndrome de X frágil. No tiene cura y produce retraso mental, problemas de inteligencia, de agresividad en los niños, emocionales, sociales, del habla y del lenguaje. Y cierto grado de autismo. Y es hereditario. Y Ana ya estaba de nuevo embarazada. Se juntaron la preocupación a enfrentarse al problema de Rodrigo y la posibilidad de que el bebé nonato estuviera afectado.


     En medio de tanta sorpresa, el desconocimiento y la falta de información. Buscaron asociaciones, posibles soluciones, pautas de actuación, información sobre el tema. Fue un camino lleno de baches. Cómo puede algo tan desconocido convertirse en algo tan cotidiano. Todos queríamos ayudar, y allí estuvimos y estamos, disponibles, a ratos útiles, a ratos de más.
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     Al principio lo más duro es no saber. No saber si Rodrigo será capaz de caminar, de hablar, de integrarse en la sociedad. En cierto sentido hemos tenido suerte. Rodrigo habla, camina, corre, hasta baila. Es muy sociable. No sabemos hasta dónde puede desarrollar su inteligencia y madurez. Va un poco retrasado en algunas asignaturas, pero  sigue el curso, es un niño aparentemente normal y adaptado. Sin embargo, siempre hay problemas con la escolarización de Rodrigo. En los colegios de integración ponen pegas… algunos padres de niños “normales” se quejan. Dicen que niños como Rodrigo retrasan al resto de la clase y requieren mucha atención. Pero para eso están estos colegios y los profesionales que tienen asignados. Hay que lucharlo. Si te descuidas, enseguida te obligan a matricularle en un colegio especial. Pero Rodrigo, aunque es especial, tiene opción de integrarse en la sociedad como uno más. Puede ser útil. Así que lo va a lograr.
     Fueron unos años muy difíciles, muy duros. La familia sigue adelante, unida, otros no pueden decir lo mismo y es muy importante buscar apoyos. Rodrigo ha tenido una hermanita sana, preciosa, que cuida y protege a su hermano como una leona. Los cuatro forman una familia muy unida. Con su altibajos, con sus problemas, con sus dudas, con Rodrigo, pero siguen adelante. No queda otra. Seguir adelante.

jueves, 15 de septiembre de 2016

A por la enfermera!


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Llevo 17 años trabajando en hospital. Casi siempre en Medicina Interna. Los últimos cuatro años con una reducción de jornada para poder cuidar de mis niños. Me gusta mi trabajo y siempre he disfrutado con ello. Soy interina y una de las 20.000 afectadas por la suspensión de la Ope de CyL.

Hace unos años cambió la Dirección de Enfermería. Y desde entonces, han ido sustituyendo a las Supervisoras. La mía lleva poco, y todas las nuevas tienen la misma política, exigida por la Dirección:

“aprieta al personal, que necesitan mano dura y que les metan en cintura”.



Desde entonces, el trabajo es un infierno.
A destajo, sin descanso.
Si te pillan sentada ya te están abroncando.
No puedes olvidarte de nada.


El otro día me llamó la super. Ya de malos modos.
.- Oye tu, ven para acá.
Y fui, porque aquí impera la ley del miedo. Y acabé llorando. No me preguntó mi versión. No me llamó para saber más, sino para acusarme directamente de no haber administrado un tratamiento porque observó que yo no lo había registrado y “lo que no está escrito, no está hecho”. Incluso trató de aterrorizarme con terribles consecuencias por mis supuestos actos.
Entre lágrimas y sollozos le juré que había administrado el fármaco, pero que cuando lo puse, noté que el paciente no se encontraba bien y me lié tomándole la tensión, la saturación y la temperatura. Que estuve un rato hablando con él y que luego registré todo en la historia. Bueno, solo el episodio, que con la carga de trabajo que llevo, olvidé firmar que había puesto el tratamiento. Parece que ahora, todo es imperdonable.
Unos días más tarde, comprobé que uno de mis pacientes, recientemente trasplantado de corazón, presentó síntomas de taquicardia. Como tenía pautado ventolín en aerosol y este tratamiento da taquicardia, decidí no administrarlo. Lo registré convenientemente y lo notifiqué a su médico. Mi super casi me devora. Mis compañeras me miraron como si yo estuviera infectada por ébola. Cuando el paciente acabó en la uci por la taquicardia, nadie me agradeció nada ni me pidieron disculpas . Si le hubiera administrado el fármaco, quizá no lo hubiera contado. Sin embargo, no me tomaron en serio, me miraban como si me hubiera salvado la suerte.
Incidentes como este, mellan la seguridad profesional. Sientes que nadie va a apoyarte si algo pasa. Estás sola. Ni tus compañeros hacen piña ya. Da miedo tomar decisiones, o no tomarlas, ya no sabe una qué hacer.



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Una mañana entró en la zona del control un especialista para usar el baño. Cuando salió me pidió una toalla. Como yo estaba muy liada poniendo la medicación, le indiqué con educación que la cogiera del carro de la ropa, que estaba en el pasillo. El galeno fue por ella sin un signo de haberse molestado, pero tras él entró la super y…¡CASI ME COME!.
.- Pero ¿tú quién te has creído que eres? Si te pide un médico una toalla, la traes tu, no le mandas a por ella.
Y se me ocurre que podía haberle pedido que preparara él los tratamientos mientras yo iba a por la toalla, el café y un abanico. Pero para tener conforme a la supervisora, porque el facultativo, me consta,  no se quejó en ningún momento.


Días más tarde tuvimos un paciente con fuertes jaquecas. El día del ingreso no tenía tratamiento para ello. Cuando me llamó al timbre y me lo explicó, quise ayudarle. Total, llevaba tiempo tomando ibuprofeno en su casa, le iba bien y necesitaba uno. ¡Un ibuprofeno!, que se lo compra él sin receta en cualquier farmacia. Pero está en el hospital y con otras patologías. No lo tiene pautado y ya me estoy temiendo que me la voy a ganar, pase lo que pase.
Llamo a su médico. Me cuenta que va a entrar en quirófano y no puede subir a pautarlo, que se lo vaya dando. Mi compañera me dice que ni se me ocurra, que ahora me pueden empapelar por una cosa así y que la super me está buscando las vueltas. Y yo, con miedo. ¿Qué hago? es que no le puedo dejar así, en un ¡AY! y viendo que como profesional, voy a quedar fatal delante del paciente. Pero él es lo primero. Aunque el sueldo que da de comer a mis hijos, la profesión que me convierte en una mujer independiente….también son importantes. ¿Qué hago???
Voy a la habitación.
.- No tiene usted prescrito en el tratamiento ningún analgésico. He llamado al médico y está ocupado,  tardará en subir. Pero legalmente, no puedo administrarlo hasta que no venga y se lo paute. No puedo dárselo.
.- Me he traido algunos de casa. ¿puedo tomar uno de los míos? .- pregunta
.- Haga lo que le parezca mejor. Yo haría lo mismo.- respondo.


El caso es que, haga lo que haga, decida lo que decida, ya tengo un nudo en la garganta porque seguro, seguro, que volveré a escuchar el tan temido
.- Oye tu! ¡Ven para acá un momento!
Y ¿Qué han conseguido?.
     He perdido el gusto por el trabajo. Acabo derrotada, deprimida y asustada, haciendo un balance angustiado de todo lo que he podido hacer bien o mal, durante la jornada.


    He estado muy tensa y quizá consecuencia de ello, hubo un día que me encontraba especialmente mal. Me dolía la cabeza y me sentía mareada. Estaba de noche y me costaba concentrarme. Aguantaba y aguantaba, pero no estaba en condiciones de trabajar. Mucho menos según están las cosas. Al salir, decidí acudir al Centro de Salud, al Servicio de Urgencias, para que me dieran algo. Allí me atendieron bien. La doctora que me trató me aconsejó que acudiera a mi médico de cabecera, que tras valorarme, decidió darme la baja.


Llevo cinco años con reducción de jornada. Hago la mitad de horas y percibo la mitad del sueldo, pero trabajo jornadas enteras, de 8 a 3, de 3 a 22 y de 22 a 8. Si cojo una baja, me descuentan en nómina (razón por la que uno solo coge la baja cuando toca trabajar y no puedes porque estás enfermo y no cuando estás de descanso). Pues cuando cogí el alta descubrí
¿¿¿QUE DEBÍA HORAS????
Sí, debía jornada y tendría que recuperarla al incorporarme. ¿por qué? Fácil. Trabajo jornadas enteras, pero si estoy enferma, me cuentan como reducidas.
Esto va pareciendo una persecución en toda regla. Resulta que si enfermo, me descuentan nómina y además, cuando me repongo, tengo que recuperar la mitad de lo no trabajado.


Al final quedan: la satisfacción cuando sabes que con tu trabajo has contribuido a la mejora y bienestar de algún paciente o su familia, la vocación y la ilusión por la profesión, la seguridad de ser útil e independiente, el apoyo incondicional de la familia y de los verdaderos amigos  y ser capaz de sacar adelante a tu familia.
Aunque te lo pongan muy, pero que muy difícil.

 

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